Palabras de Gabriela D’Odorico en la Presentación de “15M: Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir”

María Alicia Gutiérrez – Juan Carlos Monedero – Joana García Grenzner. 15M. Si no nos dejan soñar no les dejaremos dormir. Ed. La parte maldita. 24/9-20 hs. Facultad de Sociales, UBA, aula 114.

 

por Gabriela D’Odorico

 

 

Este libro cuenta una historia reciente, tan sabida y tan próxima que se la puede presentir. Una historia que parece arrancar de cero. Pero no estamos desprevenidos, ese principio es engañoso como lo es todo origen. La remanida historia, comienza, esta vez, con un edificio inteligente, de calidad actualizada por un sinnúmero de controles y que, sin embargo, fractura su espinazo de acero y hormigón en distintos lugares. No se sabe lo grave de las heridas, cómo saberlo, si el informe médico debería salir del aliento sufriente de ese organismo tecnológico, a la vez, inteligente y enfermo. Por cuestiones de administración del riesgo y de prevención del daño hay que desalojarlo, destriparlo, mejor entonces, autoevacuarse. Después de tantos años en el encierro es una buena opción, tal vez la única, salir, transitar veredas y calles, detenerse en ellas, en las plazas y en los parques. Parece un hecho inaudito pero María Alicia Gutiérrez, la coordinadora de la edición, confiesa “me sor­prendía más el aparente silencio, el seguir cabizbajos por la vida como si nada pasara, el aparente no registro de un estado de cosas que se olfateaba impactando en las vidas cotidianas.”[1]

Esta libro parte de las palpitaciones de esas heridas, hilvana el padecimiento en la fractura del edificio poblacional medido y calculado, fotografía cuerpos que se reencuentran viviendo, transcribe voces que dicen y cantan “Nosotros no somos anti-sistema el sistema es anti-nosotros”. Estas páginas semejan un parte de guerra en el que no sólo se registran un puñado de emociones, como sostuvo Zigmunt Bauman que fue el 15M. Basta con leer la pancarta fotografiada que reza “No nos manifestamos estamos reflexionando”. Habría que explicitar, que no hay más garantías que el reencuentro con quienes convivimos en un padecimiento ciego. Un reencuentro profundamente político que permite comprender que no se trata de una crisis, es estafa, es más capitalismo en pleno bombardeo, dicho con las palabras del texto compilado de Monedero son “legiones de aviones financieros, trajeados y encorba­tados, cargados de bombas bancarias y talones vencidos que dejaban millones de víctimas.”[2]

Es que este libro forma parte de una literatura magnífica, escasa todavía frente a tanto despojo. Una literatura que detiene el movimiento perpetuo que hace crecer en forma ilimitada el control, el orden burocrático y la obediencia formal. Sus páginas increpan a la representación política, esa relación en la que alguien se arroga la palabra para actuar en nombre de quienes perdieron hasta el último trabajo mal pago que tenían. Páginas que componen una música que nos transforma a todos y a cada uno en artistas ejecutantes, como diría Paolo Virno, del leitmotiv del 15M “Que no, que no, que no nos representan”. La representación, esa difícil relación entre las palabras y las cosas, durante tantos siglos explicada con la metáfora de un espejo allí no resiste. Y no es por las posibles distorsiones sino porque ya no hay espejo, hay una pantalla negra en cada rincón y en cada bolsillo, un Black mirror con características como las que Charlie Brooker puso en su serie, un vacío que no produce otra imagen que vínculos despedazados.

El texto nos desafía a nosotros, los que trabajamos con las ciencias sociales, a revisar viejas matrices conceptuales que, a veces, nos impiden pensar la novedad que acontece. Esas matrices que asignan anticipadamente a los cuerpos y a las voces un lugar y una intención unitaria que prioriza la concordancia de las palabras con los estados de los cuerpos, como lo entiende Jacques Rancière. De los cuerpos de los pobres, de los proletarios, de las mujeres o de los desocupados se espera que sobrevivan en asentamientos, que hagan cosas peligrosas —para otras clases sociales, claro—, que hablen con la precariedad que los habita y que expresen la falla que los empujó a los casilleros que los transforman en objeto de estudio. Porque una vez situados allí pueden ser intervenidos, asistidos, restituidos y, finalmente, humanizados.

Este libro ensaya otro recorrido resistiéndose a volverse útil para la legitimación del estado de cosas. Y hace mucho más que repudiar la grilla de inteligibilidad de la política vigente cuando nos muestra unos cuerpos que se han apoderado de palabras que no les fueron asignadas, que no agradecen la explotación ni se resignan a la pérdida del trabajo. Son cuerpos que se desmarcan de la temporalidad de la producción y se detienen en el espacio común a cantar, a pintar, a cocinar, a hacer política. Con esa belleza fueron captados por la cámara de María Alicia Gutiérrez. Son cuerpos que inician una temporalidad inédita para su propio viaje, una aventura colectiva que los tiene como protagonistas, un desplazamiento en el que, incluso el proyecto colectivo, es algo por hacerse. Así lo expresan las palabras compiladas de García Grenzner “Hoy en día, mujeres y población migrada son las nue­vas ‘clases de servidumbre’ que transitan y trabajan en las contrageografías de la globalización.”[3]

Tras la caída del Muro de Berlín, la década de 1990 se constituyó como un tópos para el fracaso, en el que los sueños de hombres y mujeres se volvieron anacrónicos. También se creyó que los estragos sobre la periferia eran el cordón sanitario que dejaba blindado a los países centrales. Pero la mentada globalización había puesto en marcha un fenomenal proceso de autodestrucción de los vínculos cooperativos, de autodisolución del propio modelo humano que pregonaba, de evaporación de toda distinción. Y el proceso fue tan radical, tan “revolucionario” que no dejó nada en pie.

Las páginas de este libro expulsan todo saber previamente asignado desde las ciencias del hombre a las nuevas manifestaciones de la política; muestran seres que rechazan las novedades que el capital les tiene preparadas, destierran todo personaje melancólico de viejas instituciones políticas degradadas como las monarquías, las dictaduras, las democracias cómplices del imperio y las enormes poblaciones periféricas que se multiplican en el despojo. Pero no debemos confundirnos porque este libro no denuncia individuos, se planta frente a la fuerza centrípeta que ejerce la máquina de producir exclusión, comprende este nuevo proceso productivo que obliga a las comunidades a planificar y transitar los momentos de su propia desintegración.

Es que este libro nos devuelve la esperanza de pensar a la política en un sentido transformador, desde aquello que irrumpe y no deja que nada vuelva a su lugar ni a ser como antes. Nos permite ver que el triunfo de una lucha se traduce en lo que las personas quedan transformadas, en la potencia y la alegría que las vidas agobiadas son capaces de recuperar. Con los versos que parafrasea María Alicia Gutiérrez, es esa terrible belleza la que ha nacido. Colegas, amigos, compañeros: no son pocos los sueños que tenemos esta noche para celebrar con una alegría tan estridente que contribuya desde aquí, estén donde estén, a seguir no dejándolos dormir.

 



[1] Gutiérrez, Monedero, García Grenzner. 15M. Si no nos dejan soñar no les dejaremos dormir. Buenos Aires, Ed. La parte maldita. 2013  p. 10

[2] Ibídem, p. 34

[3] Ibídem, p.60

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